Perro mi mejor amigo

Written By: admin - Aug• 21•12

Suele suceder que en el día más crítico, intenso y enrevesado de la cotidianidad, el , nuestra , es el primero de la familia quien se acerca y nos recibe, lamiéndonos la  aún cuando hayamos pasado todo el día sin verlo, hablarle, ni tocarlo. Historias sobre perros hay muchas, no pretendemos calificarlas ni mucho menos juzgarlas, pero todas tienen un lugar común, en ellas están implícitas la lealtad, la incondicionalidad, la sencillez, el afecto, la fidelidad, la solidaridad y el compañerismo; y es que de esos elementos está constituida la naturaleza.

Las relaciones hombre-perro y hombre-naturaleza son muy antiguas; desde que el hombre es hombre se conoce, muchos son los pasajes de la Biblia que la mencionan, por decir lo poco en el arca de Noé. Ahora bien, adelantemos la película pero conservando la capacidad de ver hacia atrás, hacia los lados, hacia el frente y centrémonos en ese nicho conformado por las mascotas. La relación hombre-naturaleza ha ido variando en el tiempo. Hoy día, aunque a veces marcada por la publicidad, por la faceta comercial y por la dinámica competitiva de la sociedad, siguen siendo los sentimientos de lealtad, incondicionalidad, fidelidad, solidaridad y compañerismo los que marcan la relación del perro hacia el hombre. No importa el sitio geográfico, la condición social o la precariedad del momento vivido; el hombre, el perro y la naturaleza terminan por conectarse.

La filosofía y el perro

“Mientras más conozco al hombre, más quiero a mi perro”. Esta es una frase que nos hemos apropiado generación tras generación, la hemos heredado como una tradición oral y la usamos hoy día como si a alguien se le hubiese ocurrido ayer. Se adjudica la autoría al filósofo alemán, Arthur Schopenhauer, nacido en 1788, conocido como “el pesimista de Frankfort” o “el filósofo del pesimismo”, siendo un de esas etiquetas que la sociedad pega, pero que sorprende paradójicamente con su obra “El arte de ser feliz”. Diría hoy día Schopenhauer: “uno no es monedita de oro pa’ gustarle a todo el mundo”. Él se destacó por su ferviente defensa a los animales y promulgó el derecho por ellos, tal vez influido por las filosofías orientales de las cuales era seguidor. Su obra muestra constantes expresiones como: “la compasión hacia los animales está tan estrechamente ligada a la bondad de carácter que se puede afirmar con seguridad que quien es cruel con los animales no puede ser una buena persona”; “ni el mundo es una chapuza para nuestro uso, ni los animales son un producto de fábrica para nuestra utilidad”; “una compasión sin límites por todos los seres vivos es la prueba más firme y segura de la buena conducta moral” y “el hombre no debe compasión a los animales, sino justicia”, entre otras citas memorables.

Pero también se adjudica la frase “mientras más conozco al hombre, más quiero a mi perro” a Lord Byron, poeta inglés nacido igualmente en 1788, quien toda su vida estuvo acompañado por los animales: un oso, loros, gatos, un halcón, gallinas, gansos una garza entre otros. Al morir su perro, llamado Terranova, Byron escribió en su tumba: “Aquí reposan los restos de una criatura que fue bella sin vanidad, fuerte sin insolencia, valiente sin ferocidad y tuvo todas las virtudes del hombre y ninguno de sus defectos”.

El perro, mi mascota preferida

Una mascota, y la más común entre ellas, el perro, es un ser y con sólo su presencia dentro de la naturaleza debe ser recipiendario del respeto y la atención que merecen todos los seres que poblamos este planeta, cada uno con su estructura biológica, su función específica en el entorno y su relación con la sociedad.

Muestran las estadísticas que cada vez hay más perros, que mientras más avanzada es la sociedad la proporción de canes por persona es mayor, y que mientras más preparada está la sociedad para enfrentar amenazas los canes son los primeros solidarios con los humanos recibiendo entrenamiento para salvar vidas cuando hay catástrofes, por ejemplo, o para ayudar a personas con discapacidades o para avisar cuando hay problemas. Así lo demostraron el valiente Nerón, en ocasión del deslave de Vargas, y el famoso Coco, mestizo callejero, de porte elegante e inteligencia probada, quien salvó la vida de la abuela cuando avisó a todos en casa que algo raro le estaba pasando. En contraposición a estos ejemplos, hay razas que se han usado como armas potenciales, pero en realidad es el hombre quien entrena al animal siendo responsable de su conducta.

Aprendiendo con mi mascota

Sin caer en comparaciones o explicaciones de por qué algunas personas deciden tener perros y por qué otras no, el perro es, en esencia, un compañero divertido, moldeador de conductas, protagonista de enseñanzas de vida, y que representa una responsabilidad porque si se tiene hay que asistirlo, alimentarlo y cuidarlo. Juan Andrés, con apenas un año de vida, se aferra a los bigotes y cachetes de Brandon, jugando con su compañero golden retriever viejo y paciente, y mira a su mamá diciéndole con su aún escaso vocabulario: “guau, guau” y con el fluido y rico lenguaje gestual de sus ojos: “cada niño debe tener un perro y una mamá que se lo deje tener”. Max, por su parte, de raza cocker, al final de su breve vida y después de haber compartido momentos felices en la casa y en el carro con la familia, expone a la pequeña María Alexandra de siete añitos y a sus hermana Erika a lo que significa la pérdida de un ser querido, vivir su luto y recomponerse ante esa realidad… Es tal el nexo entre mascota y dueño que en España se vio el caso de la sentencia de un juez donde normó el régimen de visita de uno de los cónyuges para un perro perteneciente a una pareja separada, equiparando el afecto hacia su perro con los de un padre y una madre hacia sus hijos. La gente lucha por lo que ama y nos preguntamos ¿dónde termina el sentimiento del humano y donde empieza el derecho de los animales?

Propicio es el momento para llamar la atención acerca de los regalos de navidad cuando se trata de un animal, éste además de ser un gran compañero, es un compromiso, una responsabilidad. Realmente hay que regalar una mascota sólo a personas que puedan y quieran adquirir el compromiso y evitarnos así el penoso espectáculo que significa ver a perros deambulando solos y desatendidos por las calles, muchos de ellos producto de la irresponsabilidad de

botarlos para deshacerse del compromiso. Cuando alguien abandona a su perro porque ya no le sirve, no le cuadra con sus vacaciones, o no lo quiere atender, sus hijos y compañeros de vida aprenden esa lección y tal vez hagan lo mismo, con quien así se comportó, cuando sea anciano. El perro, en contraste, nunca lo abandonaría, ni herido lo haría, hay que admitir que en eso son mejores a los humanos.

 

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